En la audiencia iniciada este jueves ante el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU en La Haya, el representante de Sudáfrica Tembeka Ngcukaitobi ha defendido que “la incitación al genocidio emana del más alto nivel” del Gobierno israelí, por lo que no puede presentarse como frases aisladas de “grupos fuera de control”. La petición incluye declaraciones públicas efectuadas por ministros, diputados, militares y hasta artistas desde el inicio de la guerra a raíz del ataque de Hamás el pasado 7 de octubre.

Una de ellas es de Nissim Vaturi, diputado y vicepresidente del Parlamento. Aunque, según el canal 12 de la televisión israelí, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha pedido en los últimos días a los políticos que escojan “sus palabras con cuidado” para no dar munición de cara a la audiencia en La Haya, Vaturi se reafirmó este miércoles en sus llamamientos a “borrar Gaza de la faz de la tierra” y “quemar Gaza”. “Es mejor incendiar edificios a que resulten dañados soldados [israelíes]. No hay inocentes allá”, señaló en una entrevista radiofónica antes de pedir la “eliminación” de los 100.000 palestinos que calcula que quedan en el norte de Gaza. “No tengo piedad por los que aún están allá”, agregó Vaturi, que pertenece al Likud, el partido de derechas que lidera Netanyahu.

Tampoco se ha mordido la lengua estos días el ministro de Finanzas, el ultranacionalista Bezalel Smotrich. El pasado domingo aseguró que en Gaza hay dos millones ―casi toda la población― “de nazis”.

El propio primer ministro aparece en la demanda de Sudáfrica por mencionar en más de un discurso a Amalek, la nación enemiga de los israelitas en la Biblia cuyo exterminio pidió Dios al rey Saúl: “Tenéis que recordar lo que Amalek os ha hecho, dice nuestra Sagrada Biblia. Y lo recordamos”. Es una referencia que solía emplear hasta ahora el nacionalismo religioso más radical. También figura el ministro de Defensa, Yoav Gallant: “Nos enfrentamos a animales humanos y actuamos en consecuencia”.

Según el canal 12 de la televisión nacional, el equipo del representante de Israel en la audiencia y su juez más prestigioso, Aharon Barak, quitarán importancia a las frases en su exposición de este viernes. Una parte, porque las pronunciaron personas sin cargos relevantes. El resto, por considerar que han sido malinterpretadas.

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Poco después del 7 de octubre, el presidente del país, Isaac Herzog, originario del laborismo, consideró que “toda una nación” en Gaza “es responsable” por no haberse rebelado contra Hamás, que la gobierna con mano de hierro desde 2007. El titular de Legado, Amijai Eliyahu, consideró una opción lanzar una bomba atómica sobre la Franja. Netanyahu lo reprendió y excluyó de las reuniones del Consejo de Ministros, pero lo mantiene en el cargo.

“No hay inocentes”

Varios diputados de distinto color político han declarado públicamente que “no hay inocentes” o “no involucrados” (civiles) en Gaza, entre ellos Avigdor Lieberman, exministro de Defensa y Exteriores. Está en la oposición, igual que Merav Ben-Ari, la diputada del partido de Yair Lapid, Yesh Atid, que dijo en el Parlamento que “los niños de Gaza se lo han buscado”.

Tally Gotlib, del Likud, ha pedido “bombardeos desde el aire sin piedad” para no poner en peligro a los soldados y dejar de “sentir lástima por los gazatíes no involucrados” porque “no los hay”. Su compañera de partido Galit Distel Atbaryan, exministra de Diplomacia Pública, pidió que el ejército se comporte de manera “vengativa y cruel”, tras la dimensión del ataque de Hamás. “Solo hay una solución para curar un cáncer: eliminar todas las células cancerosas”, ha señalado el embajador en la ONU, Gilad Erdan.

Netanyahu ha emitido este jueves un comunicado para subrayar que “Israel combate a terroristas y combate mentiras”, en “un mundo al revés” en el que “es acusado de genocidio cuando está combatiendo un genocidio”. Refleja cómo vive mayoritariamente el país defenderse de un crimen cuyo término acuñó precisamente un jurista judío, el polaco Raphael Lemkin, durante el Holocausto.

El Ministerio de Exteriores ha definido la audiencia como “una de las mayores muestras de hipocresía de la historia, formada por una serie de acusaciones falsas y sin fundamento”, y ha llamado a Sudáfrica “brazo legal de la organización terrorista Hamás”. Israel defiende que ninguna muerte de civiles que causa en Gaza es intencionada, sino fruto de que Hamás “utiliza a la población como escudo humano”. También que se producen en el marco de un conflicto. Probar el delito de genocidio implica demostrar la intención de “destruir, totalmente o en parte, un grupo nacional, étnico o racial”.

Políticos, comentaristas y población coinciden en vivir la acusación como una afrenta y una muestra de doble rasero. Más aún cuando la demanda analiza los hechos (23.000 muertos, en su mayoría menores y mujeres, en unos bombardeos inéditos en décadas que han dejado buena parte de Gaza en escombros) acontecidos desde el ataque de Hamás, que suele enmarcarse en Israel precisamente con respecto al Holocausto. Los miembros de Hamás suelen ser calificados de “nazis” o “peores que los nazis”, y el ataque ―con 1.200 muertos, sobre todo civiles―como “la mayor matanza de judíos en un solo día” desde el exterminio nazi.

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