Italia es un país atravesado por una profunda brecha que separa el norte y el sur en la mayoría de cuestiones que tienen peso en la calidad de vida de los ciudadanos y en el bienestar social. El norte, rico e industrializado, podría asemejarse en renta per cápita a algunos lander alemanes. El sur se parece más a vecinos como Albania por las características económicas de muchas de sus zonas. Ningún Gobierno ha sido capaz hasta ahora de reducir esa desigualdad, pero parece que será el liderado por la ultraderechista Giorgia Meloni el que se alejará aún más de ese objetivo: el Ejecutivo planea implantar un sistema de autonomías asimétrico que permitirá reducir el déficit fiscal del norte del país, pero que podría agravar la situación en el sur, según la oposición. El lunes, el Senado dio un paso hacia ese nuevo sistema de distribución de competencias, el primero que tendrá el país.

La ley de “autonomía regional diferenciada”, que busca algo parecido a una estructura federal, permitirá que las regiones puedan asumir competencias en áreas como educación, sanidad, energía y amplios aspectos económicos. Para ello, podrán utilizar una parte de los impuestos que ahora transfieren al Estado. Esa es la clave de la denuncia histórica de regiones como Lombardía, que cifran en unos 50.000 millones de euros la diferencia entre lo que pagan en tasas y lo que reciben en servicios. El Gobierno cree que permitirá “superar las brechas entre los territorios y garantizar a todos los ciudadanos los mismos derechos”. La Cámara Alta aprobó con 110 votos a favor, 64 en contra y 30 abstenciones un texto que ahora debe ser ratificado en la Cámara de Diputados, donde el Gobierno, formado por los ultras Hermanos de Italia (HdI) y la Liga, además de la conservadora Forza Italia (FI), cuenta con mayoría absoluta.

La norma, que contempla una menor transferencia de competencias que la que rige en España, fue fuertemente contestada por la oposición, que ondeó banderas tricolores y entonó el himno nacional en protesta por una medida que consideran lesiva para las regiones más pobres del país. “Meloni divide el país y vende el sur a Salvini: dejan en un callejón sin salida los territorios más desfavorecidos del país, en lugar de relanzarlos para el bien de todos”, dijo el presidente del populista Movimiento 5 Estrellas (M5S) y ex primer ministro, Giuseppe Conte. “Lucharemos por pararla en la Cámara de Diputados, pero no excluimos cualquier herramienta para contrarrestar esta ley que divide a Italia”, respondió la secretaria del Partido Democrático (PD), Elly Schlein, preguntada sobre si su grupo promoverá la recogida de firmas para buscar un referéndum en contra de una reforma que tendría “efectos devastadores”, en sus palabras.

La misma coalición de derecha, formada por Hermanos de Italia, Forza Italia y la Liga, tiene posiciones distintas en este asunto aunque hayan votado ahora de forma unitaria para que se apruebe. El partido de Meloni es una formación de carácter nacionalista que siempre ha renegado de los privilegios de algunas regiones y ha defendido la receta del café para todos. Y Forza Italia creció durante los años de Silvio Berlusconi a través de un sistema clientelar en el sur del país, donde todavía conserva una gran parte de votantes a quienes no querría disgustar. El problema es que las tres formaciones pactaron al comienzo de la legislatura una gran reforma por partido. Y esta, buscada por la Liga desde hace décadas, tendrán que asumirla todos si quieren llevar adelante la de la Justicia, propuesta por Forza Italia, y la del sistema semipresidencialista, de Hermanos de Italia.

Cinco regiones de Italia disponen ya de un estatuto especial parecido al que tendrían ahora todas las que lo solicitasen (Sicilia, Friuli-Venezia Giulia, Sardegna, Trentino-Alto Adige y Val d´Aosta). Pero se hace difícil pensar que otros lugares como Campania, Calabria o Molise puedan asumir nuevas competencias cuando tienen rentas per cápita muchos más bajas que en el norte.

Italia es el país europeo con la grieta socioeconómica más pronunciada entre sus dos extremos. La previsión lanzada por Svimez, el instituto que estudia el desarrollo de la parte meridional del país, adelanta que el PIB será de un punto porcentual más bajo en 2022. La esperanza de vida es ya tres años menor en Calabria que en ciudades como Trento; las tasas de abandono escolar se disparan a medida que se recorre el país hacia el extremo sur. Italia decidió cortar el cordón umbilical con el sur ―entonces mucho más rico que hoy― nada más comenzar su unificación en 1847. En todos los sentidos. De hecho, la alta velocidad termina en Nápoles.

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El presidente de Svimez, Luca Bianchi, está completamente en contra de esta nueva ley. “Es un camino que conduce a una mayor división del país, a una fragmentación. Supondrá un aumento de las desigualdades internas y, en realidad, ninguna ventaja para las regiones del norte porque debilitará de forma global la capacidad competitiva del país. Fragmenta elementos fundamentales de la política pública como la energía, las infraestructuras, la política industrial o la investigación. Es neosoberanismo regional en un mundo que siempre pide más políticas integradas”, apunta. Stefano Ceccanti, experto constitucionalista, no cree que el encaje constitucional pueda suponer un problema. Pero el nuevo sistema autonómico “no será posible de gestionar sin un Senado al que rindan cuentas esas autonomías, parecido al caso español”; un instrumento que ahora mismo no existe.

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