Sahra Wagenknecht, a su llegada a la conferencia de prensa donde ha presentado el partido BSW, con las iniciales de su nombre, este lunes en Berlín.FILIP SINGER (EFE)

El panorama político se amplía en Alemania. Una nueva formación, con potencial para obtener más del 10% de los votos, ha nacido este lunes de la mano de uno de los iconos de la izquierda alemana, Sahra Wagenknecht. La carismática exlíder de los poscomunistas de Die Linke (La Izquierda), acaba de fundar otro partido de un personalismo más que obvio: se llama BSW – Razón y Justicia. Las siglas responden, en alemán, a Alianza Sarah Wagenknecht. Ella misma lo copresidirá junto con Amira Mohamed Ali, que también abandonó hace tres meses Die Linke (La Izquierda) para sumarse al nuevo proyecto.

La formación se propone capitalizar el voto de protesta que mes a mes va creciendo ante el descontento con el Gobierno de coalición de Olaf Scholz. El tripartito de socialdemócratas, verdes y liberales pierde pie con cada nueva encuesta que se publica y sigue enfangado en una grave crisis presupuestaria que ha empeorado la percepción ciudadana sobre la marcha de la economía. Los analistas prevén que BSW robe parte de su electorado a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), la formación que hasta ahora había conseguido beneficiarse de la insatisfacción con el Ejecutivo.

Wagenknecht anunció su marcha de Die Linke en octubre pasado. Se llevó con ella a otros nueve diputados de la formación, lo que provocó que el partido izquierdista perdiera el grupo parlamentario, hundiendo a esta formación en una crisis todavía más profunda. En las últimas elecciones (septiembre de 2021), Die Linke ya estuvo a punto de quedarse fuera del hemiciclo por no alcanzar el 5% de los votos. Nacido primero como asociación, con el objetivo de captar donaciones para poder financiarse, finalmente se ha constituido oficialmente como partido este lunes. En este tiempo ha reunido 1,4 millones de euros, principalmente procedentes de pequeñas donaciones, según su tesorero, el empresario millonario Ralph Suikat, uno de los fichajes estrella de la formación.

El nuevo partido se estrenará en las elecciones europeas del 9 de junio, a las que Wagenknecht no se presentará, según ha confirmado este lunes en una concurrida rueda de prensa en Berlín. En su lugar lo harán el exdiputado de Die Linke Fabio de Masi y el veterano político del SPD y exalcalde de Düsseldorf Thomas Geisel. Wagenknecht tampoco liderará las listas a los tres comicios regionales que este otoño protagonizarán la actualidad política alemana. Sajonia, Brandeburgo y Turingia, tres länder orientales donde están teniendo gran acogida los discursos populistas, elegirán nuevos parlamentos. En todos ellos las encuestas dan ganadora a la ultraderechista AfD.

Aprovechar el desencanto

Wagenknecht quiere aprovechar el desencanto de los alemanes con el aumento de la inmigración irregular y la crisis económica, el caladero en el que ha estado pescando, con gran éxito, AfD el último año. La formación ultra está pletórica después de sus éxitos en las elecciones de Baviera y Hesse, en octubre pasado, donde obtuvo su mejor resultado histórico. Las encuestas aseguran que si los alemanes fueran ahora a las urnas, AfD lograría alrededor del 22% y se situaría cómodamente en segunda posición a escala federal, solo por detrás de los democristianos de la CDU.

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El nuevo partido de la eterna rebelde de Die Linke se propone ahora recuperar los votos de izquierda que migraron hacia el populismo de AfD. No es casualidad que la palabra “izquierda” no aparezca en la denominación del partido. El objetivo es apelar a un espectro lo más amplio posible: desde los valores tradicionalmente de izquierdas, como la defensa de los trabajadores y la redistribución de la riqueza, hasta una política migratoria más restrictiva, pasando por el rechazo a lo woke —el término adoptado por la derecha estadounidense para criticar las políticas climáticas, las de igualdad, etc.— o la crítica a la ayuda militar alemana a Ucrania y la petición del fin de las sanciones a Rusia.

Muchas de las soluciones que propone Wagenknecht no son factibles, empezando por la vuelta del gas ruso que tanto contribuyó a la fortaleza de la industria alemana, pero tienen un claro efecto en el electorado. El partido todavía no tiene programa —su primera reunión formal como partido se celebrará el 27 de enero—, ni asociaciones regionales; solo cinco páginas de manifiesto político que presentó en octubre con epígrafes tan poco concretos como “Razón económica”, “justicia social”, “paz” o “libertad”. Pese a ello, el potencial es enorme, como muestra la encuesta Deutschlandtrend de noviembre pasado. A la pregunta “¿Cree que un nuevo partido liderado por Sahra Wagenknecht sería bueno para Alemania?”, el 36% contestó afirmativamente.

La política es consciente de ese potencial, y apelará a los desencantados con “el peor Gobierno de la historia de la República Federal”, al que este lunes acusó de “incompetencia y arrogancia”. Los ciudadanos, dijo en octubre, “están preocupados y no saben a quién votar”. Muchos de ellos votan a la extrema derecha “por ira o desesperación”, añadió. Con la mirada puesta en los Estados orientales de la antigua RDA —donde no se ve contradictorio ofrecer propuestas sociales con mentalidad conservadora en otros asuntos— y sin etiquetas de izquierda o derecha, el nuevo partido sin duda traerá cambios al panorama político alemán.

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